22.7.08

LA FOSA DE LAS MARIANAS


Tras las lluvias he empezado la campaña de verano manchego, que consiste en cerrar la casa a cal y canto durante el día y abrir todo a la hora de la fresca, es decir, a las nueve de la noche. La sensación es parecida a estar en un submarino científico a diez mil metros de profundidad, sobre todo porque por alguna rendija se cuela un rayo de luz y está tan caliente que parece un láser. Madre de mi vida si tuviera las ventanas abiertas, me digo, y tengo razón. Luego me da por pensar que, en realidad, el enemigo está dentro, como en Alien. Se trata de la locura, que me busca de habitación en habitación, ¿o será la perra? Más problemas para los solipsistas del mundo: en esta casa ya empezamos a sobrar.

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