21.2.06

TODOS LOS MINUTOS DE TU VIDA SE LOS DEBES A VASILI ARJIPOV

Por Jorge Riechmann.

Tanto Noam Chomsky como Emilio Lamo de Espinosa evocaron en 2004 un impresionante suceso que tuvo lugar durante la Guerra Fría, más precisamente durante la “crisis de los misiles” entre EE.UU., la URSS y Cuba, en octubre de 1962.

La URSS había comenzado a instalar plataformas de misiles en Cuba; el presidente Kennedy, alertado por los aviones espía de la CIA, declaró el bloqueo de la isla, enviando destructores para hacerlo efectivo. El sábado 27 de octubre de 1962 fue el momento álgido del enfrentamiento entre ambas superpotencias: el Estado Mayor estadounidense preparaba la invasión de Cuba para las cuatro de la tarde. Ese día se encontraron en aguas cubanas, junto a la línea de bloqueo, un destructor americano y un submarino soviético armado con torpedos nucleares, que escoltaba a un buque mercante. Sólo hamos sabido lo que realmente sucedió cuando, en octubre de 2002, se celebró en La Habana un seminario internacional para conmemorar el 40º aniversario de la “crisis de los misiles” cubanos, una reunión a la que asistieron importantes participantes de Cuba, Rusia y Estados Unidos.

Resulta que el destructor tiró cargas de profundidad contra el submarino, sin saber que éste llevaba armamento nuclear, y que además –debido a la dificultad para establecer comunicaciones con Moscú— estaba autorizado para emplearlo de manera autónoma: bastaba que los tres principales oficiales del submarino dieran el visto bueno. De haber sucedido esto, se hubiera desencadenado, casi con seguridad, un intercambio nuclear que habría podido “hacer desaparecer del mapa el hemisferio norte”, como había advertido Eisenhower.

“Las cargas explotaron justo al lado del casco, recuerda Vladimir Orlov, el oficial de inteligencia del submarino. ‘Era como estar sentado en un barril de metal que alguien golpea continuamente con un martillo’. Según relatan los testigos, en el submarino reinaba el caos, les faltaba el aire, pues llevaban 17 horas sumergidos, los marinos se desmayaban y los oficiales le gritaban al capitán que lanzara sus torpedos y hundiera el destructor americano. El capitán no sabía que hacer, e incluso se preguntaba si la guerra mundial había estallado ya por encima de sus cabezas.
Pues bien, en ese instante brutal se jugó la suerte del mundo. Se reunieron los tres oficiales para tomar una decisión. El capitán votó a favor de lanzar los torpedos. El segundo oficial secundó la propuesta. Pero el tercero, el comandante adjunto, un marino llamado Vasili Arjipov, votó que no y consiguió calmar al capitán. Las cargas de profundidad cesaron debido a una llamada urgente de Washington. Quince minutos después de que el embajador soviético Dobrynin saliera de la Casa Blanca llevando un mensaje urgente del presidente Kennedy para Jruschov, el submarino salió a la superficie. A la mañana siguiente Jurschov retiraba los misiles de Cuba a cambio de la retirada de los misiles norteamericanos de Turquía.”

El hecho de que el mundo sobreviviera a aquellas dos semanas de octubre fue un milagro. Si se hubieran disparado los torpedos nucleares, afirma Robert Mcnamara --entonces secretario de Defensa de EE.UU.-- que la escalada nuclear hubiera sido prácticamente inevitable. Arjipov, zarandeado por las cargas de profundidad en aguas del Caribe, tuvo la presencia de ánimo necesaria para decir no, y el mundo se salvó.

Bien, éste es el momento Arjipov. La suerte del mundo depende de una decisión humana entre el sí y el no. En Poema de uno que pasa escribí: “Cada minuto del siglo/ aterido de su propia sangre/ deslumbrado por su propio aliento/ entre el sí/ y el no// Entre el sí y el no/ se ha detenido el runrún de las galaxias/ han parado sus juegos los cachorros/ la mano ha quedado suspendida sobre el seno/ el invierno ha aplazado su inventario/ la mariposa no acaba de desenrollar su larga trompa// pendientes todos/ de esa decisión// (...) Amor mueve amor/ poesía engendra poesía/ lo humano crea lo humano/ y todo se decide// en este instante// que uno podría llamar: la majada/ de las probabilidades improbables// En cada instante/ bascula el cosmos entre el sí y el no// El punto de desequilibrio es uno/mismo”

Sugiero considerar en serio la idea de que todos nuestros momentos son momentos Arjipov, e intentar vivir y obrar de acuerdo con esa convicción.

2 comentarios:

Pistacho Veloz dijo...

Me parece bien.

Aitor Sagastagoitia dijo...

Gracias una explicacion muy completa espero k me pongan una buena nota en socials !GRAX!