7.12.06

CRÓNICAS ANTÁRTICAS - I

Y bueno, llevo ya una semana de hibernación total sofá-perra-manta-calefactor, viendo películas como "Primavera, verano, otoño, invierno... primavera", que anda que vaya título, y anda que la habría podido disfrutar si mi ritmo cardíaco no hubiera caído por debajo de las 40p.p.m., pero la disfruté un montón, y oyendo discos como "Get Lonely", de The Mountain Goats, y leyendo libros como "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", de Haruki Murakami. Está visto que, si quiere uno convertirse en un culturetas, está genial hibernar. De otro modo, con un tono cardíaco normal y un umbral de paciencia normal y un horario normal, sale uno escopeteado ante productos culturales como los arriba mencionados. Pero bueno, mal mal no está.

También y sobre todo he paladeado un producto cultural un poquito diferente a ésos: el silencio. Probablemente la investigación estética (y no sólo estética) más importante del siglo XX, ahí es nada. Si quieren probar ustedes también, les recomiendo mi experimento: insomnio, oscuridad, ausencia de sonidos y cuatro horas de la madrugada de un jueves de diciembre.

Como decía hace poco el autor de mi blog culturetas favorito:

Recordé un párrafo de Fresán en Esperanto: ningún escritor se sentirá nunca, ni por un momento, como un guitarrista de rock cuando se sube a un escenario y arranca un riff a una Telecaster. Es cierto. Pero ningún roquero sabe gobernar el silencio; nosotros, algo, sí. El acto fue ruidoso, pero yo escribo siempre con la ventana abierta, y me sentía como en casa.


Me retrotraigo a un pasado no tan lejano en que me plantaba ante el radiocassette, le daba al play y simulaba, con una guitarra de aire, que era Thom Yorke y que tenía delante a 100.000 personas entregaítas, en (pongamos) Glastonbury. Sonaba mi canción favorita de todos los tiempos, que por si alguien está interesado es, evidentemente, Creep. Hay unos guitarrazos inigualables en esta canción y, haciendo un pequeño esfuerzo de la imaginación, casi podía sentir el pedal de la distorsión bajo el pie, el peso de la telecaster, la textura de las cuerdas al darle con todas las ganas: but-I'm-a-CREEP.

Y ahora mi experimento es otro. El silencio y el vacío. Me río yo del silencio y del vacío. Alguien lleva dos días tocando el timbre. Hace un rato ha pasado una nota por debajo de la puerta. Es el vecino de abajo y la nota dice así:

TU MADRE HA LLAMADO VARIAS VECES. QUE SI LA PUEDES LLAMAR.

Rikardo


No sabía que este hombre firmaba así. Ni me imagino por qué. Mi madre querrá empezar a hacer planes para Navidad y le gustaría que le dijera que este año no voy a ir por lo que me pasó con mi padre. Esto de puertas para adentro, claro. De puertas para fuera, mi ausencia es la tragedia más grande desde lo del Prestige. Pero no la voy a llamar. Quiero ver si la tragedia cobra unas proporciones lo suficientemente colosales como para que se presenten aquí a ver si me he muerto. Que no creo. Pero esto hará más interesante la hibernación.

Dos veces al día, religiosamente a las 07:00AM y a las 01:00AM me envuelvo en ropa de abrigo hasta parecer el muñeco de Michelin y bajo a la perra. Al subir me preparo un cuenco de sopa de sobre y le añado un huevo duro. No me he duchado desde el veintiséis de noviembre. Esto lo cuento por si están pensando hacerme una visita.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Venga, un elogio sin mucho fundamento que siempre viene bien: Magnífico Mastronardi.