12.1.09

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Buenas tardes.

Andamos de vuelta por la metrópoli, más metrópoli y menos manchega que nunca tras las interminables tres semanas y pico pasadas en el pueblo de mum & dad.

De los nervios un poco mejor, gracias, aunque la mera operación de rememorar las pasadas fiestas (a que me obliga la redacción de esta entrada) me sube las pulsaciones. Probaré poquito a poco a ver si logro acabarla sin colapsar.

Violeta ha congeniado estupendamente con mis padres y hasta donde sé no ha robado nada de su casa. Por ese lado bien. Por el otro (en concreto: por el lado de mi cabezón, y desde dentro del mismo, que no por nada se llama este blog como se llama), fatal. Diversas paranoias lo han ocupado a sus anchas todo el rato. A la de que mi padre se pasaba las noches tratando de oírnos follar se sumó la de que una Violeta hipersexualizada lo hacía todas las noches para complacer a mi viejo, y a continuación llegó la obsesión de que mi novia pretendía quedarse a vivir allí con mis vejetes, y etcétera etcétera. Desde el minuto uno me puse a beber como un gañán, coñac, chinchón, lo que se pusiera, y también le estuve chorando a mi madre pastillas para dormir, orfidal y dormodor. He pasado por fases de verborrea y de bloqueo, de ansiedad y de euforia. He experimentado agujeros de memoria y en dos ocasiones he dormido veinte horas seguidas. Pero nada, ni colgándome de un pino conseguiría romper el pacto de normalidad que han suscrito unilateralmente mis padres para relacionarse conmigo. Además, ahora tengo novia: más normal, cajero de la CCM, no digo más.

Volvimos el viernes pasado. El viaje me lo pasé durmiendo. Al llegar a casa, me acosté vestido y me levanté el sábado a las tres de la tarde. Comimos en silencio y me volví al sobre. Me desperté casi de noche, con un hambre de caballo, como un liberado de Auschwitz o algo así. Violeta me preparó una tortilla de atún que me zampé con una barra entera de pan descongelado (y mayonesa). A continuación, hablamos. Era la conversación que lo limpiaba todo, que se llevaba el miedo y los fantasmas y la mierda atascada como una crecida de primavera, río abajo. Metidos en la madrugada, las frases habían ido perdiendo ilación. En un momento dado dije soy así de débil doce veces seguidas. Etcétera.

Sí, Violeta me había estado sisando dinero. Ni tiene la menor importancia ni va a volver a hacerlo. Feliz año nuevo, amigos.

2 comentarios:

Brick de garbanzos dijo...

Celebro que esté vivo y que haya limpiado/desatascado fantasmas varios. Ahora sólo falta que vaya publicando esas percepciones suyas del mundo tan interesantes.

Un saludo de vuelta!

AniZ dijo...

Si es que no hay nada como hablar después de una buena tortilla de bonito!
Me alegro un montón Mastronardi. Siga cuidando la cabecita, no hay nada más importante que eso :D
Salu2