25.8.08

NORIA

La tele está llena de famosos, pero no sé por qué se extraña nadie. ¡Oh, este acuario está lleno de peces naranja! Si te extrañas por cosas así dejas ver que tienes un horizonte de expectativas idealizado-ingenuo-psicotrópico. Como quien abre el grifo y le jode que no salga maizena. La tele está llena de famosos de una forma ontológica. Tele y famosos conforman un oxímoron: el medio los crea con su funcionamiento y, por otra parte, si los famosos no estuvieran allí, no existirían como tales. La noria es un ejercicio de metatelevisión. Gente también, pero al revés. A lo que iba.

Ser famoso es un deseo universal. Existirá mientras exista la noción de identidad. La identidad tiene dos caras: la interna, o quien uno cree que es, y la externa, o quien los demás creen que uno es. Les voy a dar un ejemplo práctico: si examino mi identidad y miro la única cara de la misma que puedo ver, esto es la interna, compruebo que soy un tarado que escribe un blog. Por la otra cara, que es la que ven ustedes, se observa solo la primera parte de la definición. ¿Por qué? Pues porque soy un blogger anónimo, porque nadie me lee y porque he tenido mucho cuidado de borrar todos mis datos personales (ni he dado mi nombre, ni mi ciudad, ni nada a lo que agarrarse, es más, no dejo ni comentarios en blogs ajenos para que el Feedjit ése de los cojones no me rastree la IP). Pero no crean que no me gustaría ser famoso, como el Rafa Fernández o el pjorge o la Cory Doctorow, por ejemplo. Que me viera la gente por ahí y dijera: coño, mira, el Mastronardi, el tarado ése que escribe un blog. Que ambas caras de mi identidad coincidieran confortablemente.

Esto es así y quien les diga que no, miente miserablemente. Aquí todo el mundo quiere ser muy zen y tal y tiene mucha filosofía oriental cargada a la chepa, pero ofrézcanles PageRank a cambio de no volver a citar el taotequín y ya verán que el shaolín tira al monte. Natural. No somos islas. Es preferible encender una vela que maldecir la oscuridad. El bambú es más fuerte que la roca y tal.

Ser igual por dentro que por fuera da gustito. Dulcifica el carácter. Pienso: soy una petarda que se ha follado a toda la plantilla del Barça. Miro a mi alrededor y compruebo que todo el mundo lo sabe, me dirigen sonrisitas cómplices, pido en una tasca una mesa y me dicen que mi messi está listo, perdón, mi mesa, jajajá. Luego me llaman al móvil y me ofrecen tres mil euros por ir a una fiesta, y yo digo que sí pero que bombai safí. Y me lo paso de puta madre: porque no tengo que preguntarme si estaré equivocada, si en absoluto es así cuando me miro al espejo de mi identidad interior y veo a una chica mirándome, silenciosa pero tranquila, que está por decir algo pero que nunca, pase lo que pase, dice nada.

1 comentario:

The sea, the sky, the dust dijo...

Yo también quiero ser famoso, pero para ello hay que arriesgar no? tirarse pedos en el autobús y dejar el zen y el anónimato de lado para transformarlo en un seudo-anonimato y tirarse pedos en el autobús.

saludos