30.9.08

NO DIGA ZEN, DIGA PATXI

Me gustaría ver algún cuadro de Violeta. Se lo digo así. Le ofrezco salir a comprar material y habilitar un estudio en una habitación, pero no quiere. Le pregunto por qué no y cómo va a seguir aprendiendo con esa dejadez y si acaso no quiere ser pintora y me responde con este refrito de sabiduría de (llamémoslo) Patxi Iruretabarrena, su muy vasco mentor:

Según Violeta-Patxi, la pintura no es un oficio, ni una carrera, sino un deseo. Los conocimientos necesarios para llevar a la práctica adecuadamente este deseo deben ser adquiridos, pero también controlados a conciencia para que no conviertan la pulsión pintora en un trabajo. En el principio de todo debe estar esta pulsión, y a través de ella hay que encauzar el aprendizaje y la creación, dejarla que mueva todo lo demás. La llamada de la pintura es uno de los rasgos antropológicos que definen a la especie humana, y al mismo tiempo tiene un carácter místico, nos hace sagrados porque equivalen a la creatio ex nihilo. Uno puede estar en casa a las cuatro de la mañana y sentir el deseo de pintar. Si éste es lo suficientemente potente, uno mirará a su alrededor y preparará los instrumentos de que dispone: un boli bic, un bote de mostaza, un cepillo de dientes y una pared blanca, por ejemplo. El uso de la mostaza como óleo sobre gotelé implicará un montón de problemas técnicos que habrá que ir resolviendo echando mano de la experiencia previa, y también conllevará hallazgos interesantes. Las prisas, pero también las interrupciones, son los grandes enemigos que combatir, junto a cualquier cosa que pueda distraer la mente de su tarea: alcohol, drogas, preocupaciones externas, horarios laborales, obligaciones sociales. Las técnicas demasiado sofisticadas son interesantes, pero pueden repercutir en alguno de los problemas recién mencionados, con lo que no hay que restringirse a ellas. Sobre todo hay que cuidar el ego: uno no es pintor ni la pintura debe pisar nunca el terreno de la identidad, porque en ese caso el ego tratará de influir sobre la pulsión creativa que debe ponerlo todo en marcha, forzándola o supliéndola con otra cosa. Y en ese versículo está ahora mismo Violeta, tratando de borrar la huella que un exceso de actividad pictórica ha dejado recientemente en su identidad, intentando recuperar el deseo que la movía en los meses que pasó junto a Patxi en Oiartzun. A mí todo esto me huele un poco a zen, y no las tengo todas conmigo cuando le digo:

- ¿Todo eso no es complicar mucho la cosa, no se trataba de pintar porque sí y ya está?
- Sí, se trata exactamente de eso, de pintar porque sí. Pero no te imaginas lo difícil que es. Como estornudar sin cerrar los ojos.
- Suena zen.
- No tengo ni idea de zen.
- Oh, no te imaginas lo que me alegra oír eso.

3 comentarios:

Brick de garbanzos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Brick de garbanzos dijo...

Este blog es un agradable descubrimiento.

Dale un respiro a patxi!!

Un saludo

Mastronardi in person dijo...

Muchas gracias, BDG. Por cierto que he estado leyendo lo tuyo y me ha encantao: lo de pecar con clorofila me ha recordado a esos dos grandes genios incomprendidos del bloguerío hispano: Purranki Sandongui y Lenisio Dimas (buscar "El potadero de bleturge" y "raramente"). Deberíamos hacer un club de fans de blogs sin lectores. Aunque bueno, "Solipsistas del mundo" ya lo es, a su manera.
En fin, saludos.