12.11.08

SOSTIENE VIOLETA

Es un poco caótico hablar con mi novia de pintura. Como no tengo ni idea sobre el tema, suelo lanzarle preguntas o pedirle juicios, pero nunca obtengo lo que esperaba. La última, sobre el affaire Barceló:

(V.): ¿Y ese Barceló quién es?

Y así siempre. A veces creo que me toma el pelo, que nunca ha pintado nada ni participado ni siquiera tangencialmente en proceso artístico alguno. Otras veces, sin embargo, me siento muy orgulloso, noto que me inunda una sensación de admiración genuina ante el hermoso ser humano que tengo al lado. Lo que no quiere decir que responda a mis preguntas. La veo curiosear por la güé en busca de información sobre Miquel Barceló. Por aquí y por allá. De repente, vuelve la cabeza y me suelta:

- Una vez le preguntaron a un crítico de arte muy importante, norteamericano, creo, una eminencia, que cómo se distinguía un buen cuadro de uno malo. "Muy sencillo.", respondió el crítico, "Solo hay que ver antes un millón de cuadros". Oí la anécdota y pensé: ahí te ha explotao la boca. Me gusta mucho esa teoría no solo porque arroja estiércol sobre el valor de los estudios de Estética y de Historia del Arte a la hora de disfrutar (de experimentar) una obra, sino también porque introduce un concepto que me parece fundamental: el de la maduración. Nunca valoraremos lo suficiente nuestra capacidad de crecer, y no solo estoy hablando de arte o de pintura. Además, existe la maduración, pero no la madurez. La madurez es una entelequia, como lo de que te dejen conducir cuando tienes dieciocho. La maduración, en cambio, ocurre a cada minuto.

¿Es o no es Violeta una joya? O será que estoy enamorado, no sé. ¿Qué tiene que ver todo eso con la cúpula de Barceló? Ni puta idea, pero intuyo que le ha gustado.

2 comentarios:

Brick de garbanzos dijo...

20 millones de euros! Cómo ha de ser el ego de alguien que hace algo así. Digo algo porque es el término más neutro que se me ocurre.

PD: como las suelta violeta, normal que estés así.

Confiterica dijo...

Hace tiempo que no te visitaba y al volver me reafirmo en mi sentimiento de que es una delicia leerte. Delicioso, eso es, delicioso.