27.12.12

UN AÑO CHECO, 3X10

EL MAR DE NUBES


Ha salido el artículo en Consumer, la revista digital del Eroski. El tipo que nos llamó ha entendido a la perfección que los sucesos reales de los Kafka Weekends son secundarios y que lo que importa es la representación, el relato. Por ello, ha recurrido a aportaciones publicadas en forocoches y a algunas de las mejores historias (todas apócrifas y todas redactadas por Olgaga) del concurso de anécdotas de nuestra cuenta de Facebook para trazar una semblanza de nuestro producto basada en los sintagmas turismo sexual barato y prostitución posmoderna. Comenta la intervención de Jesús en Cuarto milenio (en dos momentos dados se le escapan un hortera y un dandy de pueblo), la coartada intelectualoide de nuestra web y las formas de hacer trampa con los acertijos, que para nuestra sorpresa son muchas y han aparecido en un montón de páginas aparte de forocoches, algunas extranjeras (lo cual explica la gran afluencia de kafkaturistas alemanes, últimamente). También menciona una llamada de teléfono con un fiscal que declara que es perfectamente posible una actuación de oficio por parte de su ministerio. Para terminar, una panorámica de la industria checa del sexo, al parecer una de las más voluminosas del continente, y del bollante turismo sexual en la capital.

La limpiadora ha encontrado tres bolsas de plástico grandes llenas de vómito debajo del sofá donde suele dormir Olgaga. Estábamos Paulo y yo tomando café cuando se ha acercado a nosotros y nos lo ha dicho. Yo no he podido reaccionar, pero Paulo se ha apresurado en enviar a la mujer a hablar con ellas, o sea, con las Miralles. Dado que hace muchas semanas que las Miralles no pronuncian una sola palabra, la idea ha sonado más bien absurda, pero no he podido argumentar nada de eso, por el bloqueo y el shock, y la mujer se ha marchado, acatando. No sé si la conversación con las gemelas se ha producido, ni en qué términos, pero ahora hay una enorme bolsa de plástico bajo el sofá, y tanto la limpiadora como los demás la ignoran olímpicamente. Huele un poco.

A las Miralles se les cae la ropa, en sentido no figurado. Por algún motivo, exhiben una delgadez mórbida de un tiempo a esta parte. Sigo la línea de sus mentones, de sus omóplatos, de sus clavículas. Son bellísimos, sus huesos, y su piel apenas un velo diáfano. Su ropa es una delicada cáscara, de la que se desprenden todo el rato. El miércoles por la mañana Patricia entonó unos versos de una bonita canción búlgara o moldava. Es lo último que les hemos oído.

Jesús ya ni se molesta en cerrar la puerta del cuarto de baño para masturbarse.

Yo soy el único a quien aún le funciona el móvil. Bueno, esto no es totalmente cierto. Me funcionaba hasta ayer. He perdido el cargador y me da pereza buscarlo.

Es el cumpleaños de Paulo. Ha decidido alquilar la azotea del edificio para celebrar una fiesta. Ha creado un evento en Facebook pero ha olvidado bloquear la posibilidad de que los invitados inviten a su vez a terceras personas. Han confirmado su asistencia cerca de 500 personas. Se han presentado doscientas cincuenta. Paulo baja de la fiesta diciendo que no conoce a nadie, que se queda con nosotros. Pero es inútil: solo hay un tramo de escaleras entre los canapés al aire libre y la oficina cerrada con olor a vómito. Los invitados empiezan a bajar casi detrás de Paulo. Cuando están todos abajo, los camareros contratados deciden pasar con las bandejas, también. Empiezo a darme cuenta de que toda esta gente no ha venido ni por amor a Paulo, ni por comer y beber gratis, sino para espiarnos. Y me apena. Una Olgaga ya francamente obesa que no ha dejado de trabajar ni siquiera en estas circunstancias, y fuma un cigarrillo tras otro con la mirada fija en su False-O-Matic, sin dejar de teclear. Un grupo la mira como si fuese atrezzo. Otro toca con la punta del pie las bolsas que ya empiezan a sobresalir de debajo del sofá. Las Miralles no parecen afectadas, pero hay un buen número de personas que no quita la vista de su semidesnudez, de las cacerolas desinfladas de sus sostenes descubiertos. Contra la pared del fondo se proyecta el inmenso jeto pálido del lector, pues ha llegado la hora de la vídeoconferencia, pero quién sabe por qué el sonido no funciona. Lo vemos mover los labios, pero no lo oímos. Suenan clásicos de los Rolling, los Kinks, la Velvet y Jefferson Airplane. La música muy bien, la verdad. Los canapés también. El sushi parece del bueno. Los camareros, muy profesionales y a la vez cercanos. Recomiendo.

Hay chicas. Jesús y yo tratamos de abordarlas pero notamos (y con mirarnos ya sabemos que estamos pensando lo mismo) que tras la amplia simpatía inicial hay algo raro, como un grupo de estudiantes de trabajo social de visita en una cárcel o algo así. Nos ríen las gracias, pero sin mirarnos a los ojos. No nos devuelven los comentarios, y en cuanto pueden se alejan en grupito. Bebemos y las criticamos: la indie de pueblo, la moderna snob, la pija camuflada, la frígida retrasada, la puta de mierda. Paulo se ha dejado el ordenador (y sus tres pantallas) encendidas. Las ventas van de lujo: rompiendo el techo a pesar de la reciente subida de precios.

Los invitados se hacen fotos para sus Tuentis y Facebooks y Tumblrs y (si aún queda alguien) Fotologs. Algunos graban vídeos. ¿Se tratará todo esto de una excursión a la caverna de los Kafka Weekends o algo así? ¿Una visita guiada de la Escuela de Negocios, con hoja de firmas a la salida? Alguien ha subido una foto muy poco favorecedora de Olgaga a nuestra página de FB con el subtítulo Hay una gorda en España que lo escribe todo. Una foto tomada hace pocos minutos. Olgaga entra con una de sus identidades False-O-Matic y trata de poner en cuestión la imagen, pero no cuela: Pero de qué vas, foca, si te tenemos calada. Sabemos que eres tú. Te estamos viendo escribir. Te estamos viendo.

Hay cientos de personas presentes, y aproximadamente la mitad andan trasteando con el móvil en este momento. Además qué pereza. Jesús y yo ya estamos borrachos, las Miralles desnudas, Olgaga llorando, Paulo desaparecido. El lector innominado sigue parloteando desde la inmensa pantalla de la pared del fondo. Entonces se apaga la luz.